Mochileando en aguas misteriosas parte I: Chiloé.

Después de Puerto Montt llegaba uno de los destinos más esperados: la magia de la mítica isla Chiloé en la que estuve junto con Thiara de Costumbre Mochilera durante una semana entera, y a decir verdad no nos alcanzó para conocer toda la Isla y sus grandes parques con miles de tonalidades de verde.

Salimos de Puerto Montt y  lloviznaba (como de costumbre). en bus directo a Ancud.El pasaje estaba bastante accesible, unas cuatro lucas si no me equivoco, con el ferry para cruzar incluido.  La energía ya se sentía apenas salimos del bus mientras la barcaza cruzaba a la isla, el aire frío junto con el Sol eran una combinación perfecta, soy amante del Sol y el frío al mismo tiempo.DSC_0304

Primera parada: ANCUD.

Esta ciudad es una de las primeras de Norte a Sur de la Isla.  Nos bajamos en la terminal de buses y con Thiara pensamos lo mismo: ¡Qué tranquilidad!. Parecía que las personas estaban en cámara lenta, sin preocupaciones y viviendo a su ritmo, ya me estaba enamorando de la Isla, porque era eso lo que buscaba en mi viaje, conectarme con la paz y la naturaleza.

Llegamos y recorrimos la ciudad a pata: da para caminar mucho y aunque teníamos nuestras mochilas a cuestas, metimos varios kilometros dentro de la ciudad y a sus afueras. La plaza principal es bonita y mientras pasaban unos temas de Rombai en un festival que había me sentía como en Montevideo y me comía el completo del día a luca para matar el hambre.DSC_0314

La gente era tan amable que nos parecía increíble y aunque el pueblo chileno nos pareció demasiado hermoso, en esta isla había una magia diferente. A la tarde, decidimos ir a una fortaleza que hay muy cerquita, para contemplar el atardecer, uno de los más bonitos que he visto en mi vida. DSC_0338

Cayó el Sol y buscamos un lugar para acampar: nos habían dicho que la gente del Sur muchas veces presta su patio para que puedas tirar tu carpa por loque salimos decididos en busca de uno. Preguntamos en una casa muy bonita donde había una muchacha fuera:

-Disculpá, estamos viajando y buscamos un patio para armar la carpa por hoy, podrías prestarnos el tuyo? (En ese momento pude mi carita del gato con botas).

-Uh, no soy la dueña de casa, estoy acá de visita, disculpen.

La primera había salido mal, entonces dimos las gracias y seguimos caminando destino a acampar en la playa porque ya había caido el Sol. Caminamos unas cuadras y comenzamos a sentir gritos:

-¡Chicos, chicos!- gritó agitada señal de que había corrido varias cuadras- ¡soy la dueña de la casa en la que preguntaron, pueden acampar en el patio sin problemas!

Nuestro golpe de suerte había comenzado y apenas era un principio de lo que nos deparaba en Chiloé.

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Cocinando unos fideos en el patio de acampe.
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