La mochila pintó de colores mi mundo

Y mi vida comenzó a pintarse de colores la primera vez que me cargué la mochi. Estaba repleto de miedos. No te lo niego. Pero tenía la sensación de que todo iba a ir bien. Quería empezar a romper con la imagen del mundo gris que me contaban por la televisión. De que habían muchas personas malas y que el mundo era un lugar hostil.DSC_0662

Y así fue: rompí con lo que me contaban, salí a verlo con mis propios ojos, a sentirlo, a olerlo y a medida que iba caminando el suelo le iba sonriendo a mis pies mientras que mi planeta iba tomando belleza y movimiento.

Mi corazón se fue pintando de colores y bombeandolos por mi sangre bien roja hacia todo el cuerpo: ahí estaba yo, absorviéndolos para hacerlos parte de mi camino y de mi destino.

En cada paso que daba, mis ojos no hacían más que guardar por las retinas los más lindos paisajes que jamás había visto: o quizás sí, pero ahora la situación era diferente, estaba viajando con mi mochila.DSC_0467

Seguí caminando y por mi camino se cruzaban mis amigos de ruta, esos que le dieron el azul bien fuerte que necesitaba tener presente para confiar. Para aprender a creer en el que tenía al lado, casi sin conocerlo y para creer en mí, en que podía lograr lo que me propusiera.

En una ciudad puerto me enamoré y el rojo inundó mi cuerpo y mi corazón. De pies a cabeza. Sí. Los amores viajeros son raros, porque sabés que quizás no duren lo que quieras. Pero creo que son los más lindos y los que dejan una marca. Aquellos descritos por Cortazar, esos que “te parten los huesos y te dejan estaqueado en la mitad del patio”.Que son fuertes y fugaces, como las estrellas.

DSC_0076
Valparaíso de colores

El amarillo y naranja vino de la mano de los más hermosos atardeceres con los  que me topé: aún los recuerdo como si hubiera sido ayer, sentado en el desierto mientras observaba el Sol caer entre unas dunas gigantes o en una isla bien al Sur de nuestra América mientras las aguas frías del pacífico me rodeaban y el cielo se ponía de un color violeta super fuerte.DSC_0141

Las montañas de la selva peruana me hicieron saber realmente lo que era el verdadero verde, mientras caminaba, durante once kilometros mi alma comenzaba a incorporarlo, y junto a la esperanza, que siempre es necesaria, iba entrando a mi vida para no irse más.

El más importante: el blanco de las sonrisas de los mercados, de las plazas, de las ciudades, de las terminales, de los aeropuertos.   Aquellas que aún guardo muy dentro de mí; las que me enseñaron lo valioso que es ir caminando con una sonrisota de oreja a oreja por la vida, sonriendo siempre, a pesar de no ver motivos, de no tener fuerzas.DSC_0080

Mi mochila fue guardando todos estos colores para no dejarlos escapar nunca más de mi vida, para recordarme cada vez que esté triste, cada una de las razones que hay para seguir andando. Qué linda, mi mochila, la que me ayudó a ver, que hay un mundo lleno de tonalidades y  matices ahí afuera, que me espera, y que también  te espera a vos.

Así, caminando, me voy convirtiendo en un arcoiris viajero, con los más hermosos colores que jamás había visto y sentido en mi vida. En una especie de wiphala andante, rumbeante, caminante, un nómade sin rumbo, un viajero con mochila.DSC_0140

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s