Buscandome en la Ciudad de la Furia

Me pesa la mochila. La caminata desde Colonia Express hasta el hostel, se me hizo bastante larga. Mientras voy por Puerto Madero me pregunto que hago acá, que busco con todo esto,cuál es mi objetivo . Comienzo a reconocer ciertos rincones del lugar, mi capacidad de asombro comienza a despertarse: nuevamente.

Subo por la 25 de Mayo un poco más que arrastrandome por el calor del medio día. Me metí en una gran ciudad, rodeado de miles de personas por un sólo motivo: ver si mis ideas se aclaran un poco y puedo encontrar mi verdadera esencia.

Sigo subiendo y las realidades de la ciudad me encajan una cachetada en cada cuadra. Las ciudades grandes son duras, hermosas, pero duras. Mis problemas parecen ser insignificantes. Comienzo a encontrar respuestas y aún ni comenzó la estadía.

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Caminando sólo:

Dejé las cosas en el hostel. Sólo mi cámara fotográfica me acompaña.  Voy caminando por la 9 de Julio con los auriculares puestos mientras escucho a Cerati e intento llegar al  obelisco.

Cuando uno viaja sólo tiene mucho tiempo para pensar, para buscar respuestas, para tomar distancia de las cosas y así poder tener perspectiva de dónde está parado. ¿Dónde estoy parado? ¿Hacia dónde voy? ¿Cómo llego a mis objetivos? Viajar sólo, implica muchas cosas: yo buscaba algo en particular, responder  preguntas.

Llegué, me siento y contemplo: Algunos se toman fotos, otros se sacan selfies. Yo sigo sentado a los pies del obelisco, contemplando quién sabe qué, viendo la gente caminar. Estoy ahí. Pensando. Observando. Pasando tiempo conmigo mismo.  Buscando mi verdadera esencia en La Ciudad de la Furia, comienzo a descubrirme.

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Encontré respuestas: cambiaron las preguntas.

 

La dicotomía del Ser Humano: Cuando logra encontrar ciertas respuestas las preguntas ya no son las de un principio.  Pero el viajar significa cambiar y renovarse rápidamente, crecer cada minuto en el que estás fuera para darte cuando estás en tu lugar, lo que realmente sos.

Las preguntas cambian una y otra vez. Mutan a medida que vas viviendo, que vas caminando. Pero nunca dejan de estar allí.

Buenos Aires me sembró más preguntas de las que ya tenía. Me hizo dar cuenta de muchas cosas que tengo que tener claras para poder seguir avanzando en los viajes y en la vida.

Buenos Aires me habló y me contó que lo que decía mi gran querido Supertramp era cierto: “La felicidad sólo es real, cuando es compartida”.

 

 

 

 

 

 

 

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