Una noche de Tormenta en la Isla del Sol

A la velocidad de la luz llegamos a la frontera con Bolivia en una hora. En la oficina de migración de Perú, nos pidieron unos papelitos que no teníamos (creo que eran los que comprobaban que estabamos en el país), y tuvimos que cruzar  a un kiosco para imprimirlos. Por suerte fue rápido.

Llegamos a Copacabana.

La altura no nos afectó tanto por qué ya habíamos sobrevivido a Puno y la subida principal de  la Isla Taquile. El pueblito es bastante pequeño, , pero tan hermoso, que me enamoré  a primera vista: las callecitas en subida les hicieron notar a nuestros pulmones que estabamos bastante altos, fatigándonos rápidamente y las casitas nos hacían saber que habíamos llegado. Tanto verlo por fotos: y hora estabamos pisando esta  hermosa Bolivia.

Salimos a recorrer un poco para averiguar sobre como se llegaba a la Isla del Sol. Allí, conocimos a nuestros compañeros de viaje en nuestro paso por Copa: Los españoles. Venían desde Cusco; habían visitado gran parte de latinoamérica e iban de camino a La Paz. Con ellos, salimos a buscar tickets para visitar nuestro gran objetivo.

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Nuestro gran objetivo: la Isla del Sol

Conseguimos unos tickets en la calle principal: Rosa fue muy simpática con nosotros sin embargo, a los españoles no los trató muy bien. Es que con Maite, no regateabamos  mucho, y con los tickets a la Isla, tampoco lo ibamos a hacer: ¡NOS SALIERON SOLAMENTE 3 DÓLARES CADA UNO! No nos daba la cara para regatear nada. Sin embargo, los españoles hacía mucho tiempo que  estaban viajando, y por eso necesitaban un precio un poco más bajo: pero solo lograron ganarse el mal humor de Rosa.

El muchacho del Colonial.

Nos quedamos en el hotel Colonial. Frente a la plaza principal. Muy bonito y con agua caliente que funcionó de novela.

En Cusco, nos habíamos encontrado con un grupo de bolivianos, de Santa Cruz de la Sierra, con los que mediante una charla bastante interesante, nos dijeron que con Evo todo se había ido a pique. Que Bolivia tenía mucho para explotar, pero que sin embargo, se malograban todos los recuersos naturales que esta poseía.

En la recepción me hice amigo de un muchachito que pasó ahí toda la noche trabajando: no debería tener más de 18 años. Nos pusimos  a conversar un poco y mi interés era saber de primera fuente cuál era la situación político-social de Bolivia, con Evo Morales:

-“Somos uruguayos, de la tierra de Pepe Mujica”- le dije.

-“Mujica, él del auto azul, muy bueno”- Me respondió.

-“Y qué tal Evo por aquí, ¿cómo se porta con ustedes?.

-“Hemos mejorado mucho, pero hay mucha corrupción aún”- contestó- “Aunque antes se robaban todo, han nacionalizado los hidrocarburos que son importantes para Bolivia y ya no se lo roban más, ahora es para el pueblo boliviano”.

Y continuó sin que lo interrumpiera:

-“La gente rica está enojada, y la gente pobre contenta por qué vive mejor”.

La Isla del Sol ante nuestros ojos.

Estabamos ahí: ¡cuánta belleza junta! Bajamos del bote que nos trasladó y escuchamos un poco a un guía que daba una charla de qué hacer y como hacer. Sin embargo, era tanta la emoción que teníamos de salir, que nos fuimos en busca de un hostel donde pasar la noche.

Caminamos un poco, y nos encontramos con un niño, que nos preguntó si buscabamos lugar. Le dijimos que sí, y nos guió con su mamá: la señora María.

María nos mostró la habitación donde quedarnos por 25 BOB. Las premium salían el doble, pero nosotros no necesitabamos más que la pieza que nos ofrecían: dos camas, una mesa y una ventana que daba directo al Titicaca.

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Afortunados de la vista que teníamos.

Nuestra idea era descansar un poco para luego salir a recorrer la parte norte. Al otro día, realizaríamos el trekking hacia el lado Sur, donde tomaríamos el bote de vuelta a Copacabana.

El lado norte de la Isla es un sueño: y el lago parece un océano que no termina más que en su horizonte, es infinito. Este lado  de la isla, nos mostró una cara de Bolivia, realmente hermosa. Los niños jugando en las playas del lago, acercandose para hablarnos, los animales sueltos y libres bañandose en algún chiquero de por ahí. Una comunidad que vale la pena conocer a fondo.

Visitamos la parte norte con cautela y en cámara lenta, por que la altura se siente.  Pero cada paso que dimos  valió la pena, para endulzarnos la vista y los sentidos.

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Meditación de Altiplano

Una noche de tormenta en la Isla del Sol.

Ingresamos a un restaurant en la tarde. El Sol ya había caído por el horizonte, y algunas nubes se veían a lo lejos. El viento comenzaba a sentirse, cada vez más fuerte.

En el restaurant, parecía que no estaban ni los dueños. Las luces apagadas, y sin nadie a quién pedirle algo para comer. Sin embargo, al rato apareció un muchachito y me dijo:

“-¿Usted que es alto, puede a girar la bomba?”.

Y no me negué: por qué sabía que se venía la mejor trucha con arroz que iba a comer en mi vida.

El viento era cada vez más fuerte, y la tormenta estaba cada vez más cerca. La cocina del restaurant quedaba separada de la pieza en donde estaban las mesas, y luego de un rato, nos trajeron la cena. Extremadamente casera y rica.

La tormenta ya estaba sobre nosotros: pero igualmente decidimos salir y dirigirnos hasta la habitación donde parabamos, que no quedaba muy lejos. En el trayecto, los truenos comenzaron a sentirse,el viento soplaba y la lluvia empezó a caer muy fuerte. Decidimos caminar más lento: pues no todos los días uno se moja con la lluvia de Bolivia. Levantando la cara el cielo encapotado para sentir más aún la fuerza de la Pachamama en plena Isla del Sol.

Nos sentíamos niños jugando en la lluvia: Corrimos a nuestra habitación ríendo de felicidad, como jamás habíamos reído, con la ropa empapada de lluvia,y con el alma empapada de sentimientos bonitos.

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